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Igual que Milei. La realidad según Caputo

A pesar de los de datos negativos que aparecen de manera cotidiana, el gobierno prefiere mirar hacia otro lado y aferrarse a un libreto cargado de optimismo forzado. Lejos quedaron aquellas promesa...

Igual que Milei. La realidad según Caputo

A pesar de los de datos negativos que aparecen de manera cotidiana, el gobierno prefiere mirar hacia otro lado y aferrarse a un libreto cargado de optimismo forzado. Lejos quedaron aquellas promesa...

A pesar de los de datos negativos que aparecen de manera cotidiana, el gobierno prefiere mirar hacia otro lado y aferrarse a un libreto cargado de optimismo forzado. Lejos quedaron aquellas promesas que el ministro de Economía lanzaba en abril pasado sobre los mejores 18 meses para la Argentina. Hoy el panorama muestra una recesión palpable y un mercado que le da la espalda a la gestión libertaria. Frente a este escenario complejo, Luis Caputo decidió calzarse el traje de campaña y salir a pedir apoyo explícito para la reelección de Javier Milei, buscando convencer al establishment de que el verdadero paraíso llegará recién en 2027.

La presentación del titular del Palacio de Hacienda en el evento de los premios CEO Summit 2026 dejó mucho para analizar. Con varios días a cuestas donde cada índice económico publicado se traduce en una pésima noticia para el gobierno, el ministro intentó poner paños fríos frente a los representantes de las cámaras empresarias. La estrategia elegida fue idéntica a la que viene ensayando el propio presidente. Básicamente es negar cualquier número en rojo, dibujar una realidad paralela y prometer un futuro resplandeciente. Todo esto acompañado por una artillería de ataques hacia la oposición, a los medios de comunicación y a los propios sectores financieros que hoy empiezan a dudar del rumbo.

Una negación a medida

Para el ministro no existe ninguna caída de la actividad económica, el aumento de la pobreza es un mito y la desocupación no representa un problema. Según su particular visión de la coyuntura, todas esas mediciones oficiales resultan relativas y dependen exclusivamente del cristal con el que se las mire. El economista surgido de las filas del JP Morgan se animó a hablar de cifras récord en materia económica y buscó disimular los chispazos con el mercado.

En un intento por tapar el fuerte ascenso del Riesgo País y el malhumor social, Caputo llegó al extremo de afirmar que el gobierno sacó de la pobreza a 12 millones de argentinos. Un número completamente incomprobable que, curiosamente, recorta en 3 millones la cifra que suele repetir Milei en sus discursos.

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Junto con esta negación rotunda de la crisis, el ministro dedicó gran parte de sus 45 minutos de exposición a responsabilizar a la oposición por todos los males de la Argentina y por la retracción de las inversiones. Buscó instalar la idea de que los índices negativos son culpa del ruido político que genera el arco opositor y aseguró que el oficialismo trabaja para blindar la economía. Sus palabras exactas fueron que “no esperamos un 2027 como el que el periodismo dice o como algunos colegas dicen. Pero nos preparamos como si pudiera ser. Es lo que corresponde. Esa es nuestra responsabilidad“.

El cinismo frente al reclamo devaluatorio

Uno de los momentos más tensos de su discurso llegó cuando decidió cruzarse con los sectores del empresariado y del mundo financiero que vienen exigiendo un dólar más caro. Para el ministro, quienes marcan que el tipo de cambio está atrasado son simplemente “momias miserables“. Subiendo el tono de la confrontación, disparó munición gruesa al asegurar textualmente que “los que piden una devaluación son unas momias miserables que piensan solo en sí mismo y quieren una Argentina pobre, donde los empresarios pueden pagar salarios pobres“.

A esta declaración le sumó un ejemplo con el que pretendió dar una clase de productividad, afirmando que la misma “no se genera pagando salarios de 300 dólares a los obreros para que los que tenemos plata podamos construir una casa a 800 dólares el metro“.

Escuchar a Caputo hablar repentinamente como un ferviente defensor del poder adquisitivo de los trabajadores genera un nivel de indignación fenomenal. Se trata de un cinismo absoluto y de una tomada de pelo tremenda para las mayorías trabajadoras. Es obsceno que el funcionario intente lavarse las manos y culpar exclusivamente a la sed de ganancia empresaria por los sueldos de miseria, cuando él y todo el gobierno libertario utilizaron el congelamiento de los ingresos como el ancla principal para su plan económico.

Si hoy los empresarios pueden presionar por una devaluación y mantener sueldos por el piso es justamente porque la gestión libertaria generó todas las condiciones estructurales para que eso suceda. Las políticas de ajuste impulsadas desde el Ministerio de Economía son las responsables directas del aumento de la pobreza, de la suba de la desocupación y del colapso del consumo que hoy pretenden negar.

La fantasía libertaria choca con Wall Street

Luego de repartir culpas, Caputo procedió a presentarle al empresariado un país que funciona a la perfección. Ratificó su dogma inquebrantable del déficit fiscal y celebró la existencia de un “proceso de desinflación muy importante“. Enumeró como triunfos definitivos la “baja de impuestos distorsivos, baja de retenciones, creación del RIGI“, junto a unas supuestas cifras récord en las exportaciones primarias y mineras. Obvió mencionar, por supuesto, la asfixia total que padece el entramado industrial y comercial que vive del mercado interno.

Para justificar su decisión de no mover el dólar, garantizó que “tenemos un orden cambiario que da una previsibilidad que no tuvimos nunca“. Tratando de llevar tranquilidad sobre las arcas del Estado, prometió que “hay dólares para la gente, para las empresas y para recomponer las reservas del Banco Central“, concluyendo que actualmente “estamos en una posición confortable“.

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El gran problema para el ministro es que este mismo libreto cargado de optimismo irreal es exactamente el mismo que utilizó días atrás en Nueva York. Durante su reunión exclusiva con los inversores en la sede del JP Morgan, intentó vender esta misma foto de una Argentina pujante y solvente. Todos sabemos cómo terminó ese encuentro. El mercado consideró que las cuentas del gobierno no tienen ningún sustento lógico, tacharon la presentación de intelectualmente deshonesta y respondieron haciendo saltar el Riesgo País, hundiendo el precio de los bonos y empujando hacia arriba la cotización del dólar oficial. Las promesas de Caputo ya no convencen a los lobistas de Wall Street y mucho menos logran ocultar la fragilidad de la endeble estructura económica libertaria.

De encuestas reinterpretadas y promesas electorales

La negación de la realidad llegó a un punto tan extremo que el ministro incluso intentó reinterpretar la dura caída del Índice de Confianza en el Gobierno publicado por la Universidad Torcuato Di Tella. A pesar de que el estudio marcó un retroceso del 5,9% y hundió la imagen presidencial a su piso histórico, Caputo ensayó una lectura antojadiza para suavizar el impacto y tratar de convencer al auditorio de que los números de Milei siguen siendo competitivos frente a gestiones anteriores.

Minimizando el descontento social, se mostró desafiante de cara a los próximos comicios. “¿Espero un año electoral volátil con gente muerta de miedo? No. Y no creo que vaya a pasar. Y si pasara, no creo que le vaya muy bien como no les fue bien en octubre del año pasado“, sentenció con sorna.

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Para coronar su discurso, lanzó una promesa a futuro pidiendo abiertamente el apoyo empresario para sostener el proyecto político. “Ni se imaginan las reformas que tenemos en la cabeza y que va a implementar nuestro presidente si tiene cuatro años más de mandato. Repitiendo las elecciones de octubre de 2025 tendríamos mayoría en Diputados y casi quorum en el Senado. ¡Así que agárrense, porque si todo esto se hizo con el 10 por ciento de representación en Senado y 15 de Diputados, ni les puedo decir lo que se viene si hay una reelección”, advirtió el funcionario!

Las palabras de Caputo dejan en evidencia la profunda preocupación que atraviesa a las filas del oficialismo. Salen a pedir paciencia y a prometer el paraíso para el 2027 porque el presente está bastante complicado. Han sumergido al país en una nueva recesión y el mercado financiero les responde con índices que marcan una profunda desconfianza. Las declaraciones de campaña del titular de Hacienda son un intento por maquillar una imagen de gobierno deteriorada y sostener las expectativas de un establishment que empieza a impacientarse. Mientras el gobierno juega a proyectar mayorías legislativas y reelecciones, los trabajadores siguen soportando el peso de un ajuste brutal que no ofrece ninguna solución real a sus problemas cotidianos.

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Fuente: https://periodismodeizquierda.com/igual-milei-realidad-paralela-segun-caputo-empresarios/

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